Cuando nos
preguntamos que es el Universo, que es Dios, que es El Yo Soy, que es El Todo o
que es La Nada, nos estamos preguntando la misma situación desde percepciones
diferentes. El Todo es la Nada , Dios es el Universo y
yo también puedo ser lo que no he podido ser.
Todo lo anterior
adquiere significancia cuando entendemos que la Unidad es el punto de
partida y de llegada, que todo es producto de la misma esencia y que se llega
de donde se parte, comprendiendo que la misión del ser humano en la tierra es
llegar a discernir que nos desprendimos del amor por amor y que igualmente por
amor tenemos que llegar al amor. Es
importante reconocer el Amor como igual a Dios y este igual a la Verdad , por lo tanto Amor,
Verdad y Dios son nuestro punto de partida, nuestro camino y punto de destino.
El ser humano se
desprende de la Unidad, como una chispa divina, y comienza su viaje de luz en
busca de retornar por el camino aprendido otra vez hacia su origen; en ese
inicio de viaje y para lograr la depuración de su energía de luz logra
disminuir su vibración hasta alcanzar la solidificación de una parte de la
esencia, manteniendo allí adentro y de manera oculta, aún para sí mismo, su
chispa divina, su esencia de origen y sometiéndose siempre a la dualidad, bajo
la experiencia del libre albedrío. Es
tarea del ser humano, en la actualidad cosmológica, lograr despertar su esencia
interior y conjugarla con su presencia física en la tierra hasta alcanzar la
iluminación de ser un ángel humano, que no es más que el mismo humano que ha
dejado de vivir en la dualidad, reconoce la luz con todos sus aspectos
vibracionales y ha empezado a ser parte integral de todo lo que lo rodea; por
lo tanto ha aprendido a dominar su ego y mantiene el perfecto equilibrio con
todo lo que es y existe. Reconoce que no
existe nada por el hecho de existir, si no que la presencia de todo lo que
existe tiene una razón para ser, es decir tiene un para que, y permite
observarse como maestro y discípulo al mismo tiempo; contemplando que como
creación, y desprendidos de un mismo origen, todo lo que es se desprende de ese
Uno y por lo tanto nada es feo ni malo, solamente puede reconocer que todo lo
que existe es bello y bueno.
Visto de otra
manera, el ser humano que es capaz de dominar el orgullo del dar con la
humildad del recibir logra ser un verdadero canal de comunicación de esa Luz
desprendida del Padre Universal y que debe llegar hasta la Madre Tierra en su
forma original, sin sesgo ni distorsiones, para mantener el equilibrio
universal. Pero, igualmente debe ser capaz de transmitir la respuesta de esa Madre
a ese Padre sin interferencias, y al mismo tiempo está en capacidad infinita de
alimentarse de esa luz, sentirse como esa luz e integrarla a su ser verdadero,
dando origen a la sustancia del amor del hijo, cumpliendo con la Ley Universal
del tres: Padre, Hijo y Espíritu Santo; Acción, reacción y relación; salud,
enfermedad, sanación; nacimiento, transformación, ascensión; perdida,
aceptación, perdón o maestro, discípulo, enseñanza.
Somos origen,
camino y destino; somos descendientes de una misma esencia y contenedores de la
chispa divina en nuestro interior, permitiéndosenos elegir y pactar el camino
que debemos recorrer, como seres humanos, en nuestro recordar del camino de
regreso, aprendiendo a conocer el Amor, teniendo a la tierra como escuela y de
esta manera encontrar la verdad que nos volverá a conectar con nuestro origen,
Dios o Padre Universal, al final de nuestra existencia física en esta
dimensión.
Ahora, bajo otra
perspectiva e interesados en conocer el por qué no podemos ver lo que debo ver
y, en cambio, los demás si lo hacen de una manera muy fácil, puede relacionarse
el dicho popular, que dice “no hay peor ciego
que el que no quiere ver”; e inmediatamente llama la atención que a
aquellos quienes algunas ocasiones la expresan son, a veces, quizás más ciegos aún.
En algunos escritos
y conferencias de seres que han trascendido un poco más allá de lo común en las
personas, se ha mencionado que los árboles son felices porque conocen y
entienden que su misión es ser árboles, que las flores reconocen que su tarea
es ser flores y que el perro nació para ser perro. Pero, la pregunta es, por
que el ser humano que nació para ser ese humano, único e irrepetible, no
entiende que esa es su misión y desde temprana edad empieza a darle forma a su
personalidad bajo aspectos que no son suyos sino que busca imitar a sus
congéneres?.
Un árbol no busca
parecerse a otro, un árbol de manzanas no llora por que no da peras y lo que es
más interesante es que no se preocupa si es un gran productor o no de cosechas;
pero en cambio el niño quiere los juguetes del otro niño, los suyos no le
parecen interesantes; aunque en ocasiones actúe contrariamente y no los
comparta porque cree que son únicos y sólo para él.
Cuando vamos
creciendo nos encontramos que vamos desarrollando biotipos y modelos de
personas que queremos llegar a ser, no alentamos nuestra propia identidad,
buscamos parecernos a alguien que ya ha llegado a esa figura o imagen, siendo
bien interesante comprobar que si llegamos a ese nivel de desarrollo personal
no quedamos satisfechos porque además queremos actuar como ellos y casi que ser
ellos en nuestro cuerpo. Y más adelante,
cuando llegamos a nuestra etapa productiva, queremos alcanzar un estatus que
nos permita estar a nivel de otros individuos, al considerar que ellos si son
felices y no poseen nuestros problemas y preocupaciones. Con esos fundamentos continuamos desarrollando
nuestra vida y las sorpresas son grandes cuando comprobamos que llevamos una
vida en apariencia y dimensionalmente muy densa que nos aleja del camino
verdadero que debemos seguir al llegar a este planeta.
Ahora, una
interesante pregunta que aparece frecuentemente cuando se inicia algún
recorrido por el camino espiritual, ¿Qué es lo que tengo que hacer y cómo es
que lo debo hacer? Ahí comienza nuestro
camino y el verdadero afinamiento a la vida espiritual. Lo primero que se ocurre es que la respuesta
la tiene otro ser y no nosotros mismos o cuando más que la respuesta está
escrita o verbalizada por alguien ajeno a nosotros; quizás, la buscamos a
través de un sueño o una meditación, pero esperando que se aparezca un ángel
con un manual bajo el brazo y nos diga que capitulo y que página consultar en
el para hallar la respuesta.
De igual manera
pretendemos encontrar la paz espiritual bajo los parámetros de seguir siendo
como hemos venido siendo, actuando de la misma manera o quizá con algunos
cambios que consideramos deben ser pero no los que verdaderamente deben hacerse
para hallar el camino, y aquí parece hace resonancia la cita bíblica: “dejarás
padre y madre …”
Siguiendo con lo
anterior, es interesante ver cómo nos sentimos bien con aquellas personas que
nos inducen al cambio pero que nos permiten seguir actuando como a nosotros nos
parece; como ocurre en situaciones tan simples como quienes van a la montaña a
meditar para conectarse con la madre tierra, honrarla y respetarla, y al
retornar se olvidan de limpiar el sitio que utilizaron.
Otro caso ocurre
cuando seguimos el camino de la imitación y pretendemos ser como el maestro,
que nos ayuda y guía, pero sin tener conocimiento profundo del camino que él ya
ha recorrido, que todo lo que él es lo debe a su experiencia y al andar por el
universo, que sus enseñanzas aprendidas son el resultado de la prueba y el
error, que su camino era el de él y el nuestro debe ser el propio, semejante
pero nunca el mismo. Aprovechar sus
enseñanzas nos acortará el camino pero siempre debemos hacer nuestro propio
camino.
Es importante tener
un guía, pero ese guía manifiesta su ayuda en orientarnos a escuchar a nuestro
verdadero maestro, nuestro ser interior.
Este ser interior somos nosotros mismos, es la manifestación de Dios en
nuestro corazón, es la expresión de su imagen y semejanza y reconocerla en
nosotros es nuestra verdadera misión; la dificultad poca a mucha de reconocerla
debe ser nuestra intensa y cotidiana lucha en este estado vibracional de
existencia.
Veámoslo de la
siguiente manera, imaginemos un tubo transparente, con unos grados de
inclinación, que en su inicio es inyectado de agua vaporizada viéndose como una
pequeña nube de agua que al ir pasando por este cilindro va condensándose en
sus paredes y va tomando forma de un hilo de agua líquida que se desplaza
lentamente; más adelante, por efecto del enfriamiento este hilillo se va
escarchando hasta convertirse en un bloque de hielo, que ya no se desplaza y
espera que por efecto del calor al que se le puede someter se convierta en
vapor de agua, para comenzar nuevamente el ciclo.
Así es nuestra
vida, así es nuestra misión, encontrar nuevamente nuestra esencia, recordar que
somos y de dónde venimos, reconociendo en que estamos contenidos y que
representamos. En un comienzo somos
esencia pura, somos energía de Dios en espera de entrar a un aspecto físico muy
denso, esperando como el soplo divino nos introduce en el cuerpo sólido de un
ser humano. Una vez estamos inmersos en
este nuevo ser alcanzamos a reconocer los aspectos de nuestra esencia, somos
puros e inocentes, como son todos los niños que no se han desconectado
totalmente de su verdadero origen, aún ven sus amigos angélicos, ríen con el
viento y se expresan con su inocente sonrisa, logran identificar su conexión
con el origen pero no lo pueden comunicar a los grandes, no les está permitido,
sería violar la condición de humano; quizá por esto lo niños tardan en
expresarse verbalmente, para cuando lo logran se ha roto la conexión con su
energía original y todo es olvidado, por que entra en funcionamiento la mente
que interrumpe la unión que era originalmente desde el corazón.
A medida que vamos
desarrollando nuestra personalidad, nos vamos tornando más densos, se disminuye
nuestra vibración de conexión con el universo.
Nos hacemos tan sólidos que tan sólo reconocemos lo que sea de nuestra
misma condición vibracional, estamos conectados al aspecto físico y mental,
hacemos conexión con lo externo y lo interior solo nos alcanza hasta lo que la
mente nos permite ver, aquí nos volvemos ciegos con los ojos del corazón y no
vemos lo que debemos ver, para encontrar el camino verdadero.
Internamente, como
misión intrínseca, nuestra información de búsqueda se activa, ahora se nos
ocurre desconocido lo que cuando niños era natural y evidente, ahora se ha
convertido en algo sobrenatural y esotérico.
Ese pedido ancestral de búsqueda y ansiedad por algo que desconocemos,
no es más que el deseo natural de retornar al encuentro con nuestra esencia.
Aquí comienza ese
calorcito, que da el fuego de nuestro corazón, que va descongelando lentamente
ese témpano de sólida agua que se fundió con el frío y lentamente a ese pequeño
vapor de esencia va aumentado, va alimentando el fuego en el corazón y va
convirtiendo esa agua original densificada en más y más vapor de esencia, hasta
que esta logra reconocerse como la esencia original y se funde con ella para ya
cerrar el ciclo de vida en la tierra y reconocer el reencuentro de nuestro
espíritu con el Gran Espíritu.
NUMERO AÚRICO O DE LA PROPORCIÓN DIVINA
Fray Paciolo di
Borgo, monje italiano, enuncio en el 1509 una fórmula matemática cuya
aplicación da una constante a la que denominó Número de Oro o Divina
Proporción. Ya utilizada en la antigüedad ésta Divina Relación se encuentra
cuando dibujamos una recta de la dimensión que deseemos. Después, la dividimos
en dos partes desiguales mediante un pequeño trazo, de tal manera que los dos
segmentos sean equilibrados y proporcionalmente agradables. Tras esto
midámoslas, podremos comprobar que la menor es aproximadamente un 62% de la
mayor y que ésta es un 62% de la recta completa., el segmento menor, es al
segmento mayor, como este es a la suma de ambos, es decir, a la totalidad de la recta. Este número
equivale al 62% y es exactamente 0.618…
Esta es una forma
natural de encontrar equilibrio aunque las partes no sean iguales en dimensión,
pero si son armónicas y proporcionales con un todo.
Este número de oro
o áurico o de la proporción divina esta expresado en toda la naturaleza y los
artistas lo utilizan para dar forma a las imágenes que plasman, lo que las hace
equilibradas y más naturales.
Ahora bien, se nos
dicho que el ser humano tiene información energética masculina y femenina expresada
casi siempre como en mitades iguales, 50 % y 50%; pero conforme a lo observado
anteriormente podría considerarse una proporción aurea en esta energía
contenida en el hombre, conforme a su expresión externa de género, masculina o
femenina, fundamentados que siendo igual ninguna de las dos se manifestaría
conforme a éste. En cambio, sí un hombre posee una proporción de su masculino
en un 61.8% (0.618…), esta guardaría proporción con su femenino contenido
intrínsecamente. Para la mujer las
proporciones serian inversas 61.8% (0.618…) para su energía femenina y 38.2%
(0.382) para su masculino contenido. Esto no riñe, y es diferente, con el uso
que cada ser en mayor o menor fuerza dé a cada una de esas proporciones
energéticas, porque puede ser que una mujer sostenga su cotidianidad, como
respuesta a sus características de vida, con el uso constante de su proporción
masculina sin dejar de ser femenina pero en su diario vivir se preocupara mucho
por el hacer y menos por el crear, por ejemplo. Pero en los hombres puede suceder igual y
predominar su energía femenina haciéndolos lentos y dudosos al tomar decisiones.
De todas formas
esta proporcionalidad en cada ser humano, cuando es expresada, permite
encontrarse con una pareja en armonía.
La comunicación del amor se da desde el femenino contenido y por ello
una mujer con su femenino activo (61,8%) y un hombre en comunicación con su
pareja desde el femenino contenido en el (38,25) hará la unidad, lo que sería
un encuentro de “mitades”. Cuando una
mujer se comunica con su pareja desde su masculino y recibe respuesta de el con
su fuerza masculina, la comunicación será de fuerza y activa pero no así
amorosa, a pesar de formar la Unidad, pude ser una pareja muy productiva pero
no necesariamente amorosa. Esta proporcionalidad
en la pareja es cambiante y dinámica, lo que hace que la vida en unidad pueda
ser muy exitosa cuando las unidades contenidas se utilizan en sinergia de
acuerdo al orden establecido para la convivencia, porque no siempre la pareja
deba estar en manifestación expresa de
amor, debe también estar desde la acción para concretar la creación del
amor para felicidad de ambos.
LOS CHACRAS Y EL EQUILIBRIO CON EL UNIVERSO
En cada uno de
nosotros, en nuestro interior, giran siete ruedas energéticas interconectadas y
sincrónicas, que nos permiten establecer comunicación con el centro universo y
con el centro de la tierra, de esta forma conforman una Unidad desde lo físico,
mental y espiritual. Son centros para la recepción, la asimilación y la transmisión
de energía vital, tanto para nosotros como para nuestro entorno energético.
Estos centros
energéticos están conectados entre sí y tienen correspondencia con las
principales glándulas de nuestro organismos y desde allí con los órganos
correspondientes, por lo que un bloqueo de uno de loa chacras repercutirá en
una manifestación física con esa parte del cuerpo sin descontar su
manifestación emocional asociada. De
igual forma a un Chacra le corresponde un elemento de manifestación.
Primer Centro:
Localizado en la base de
la espina dorsal, asociado con la supervivencia y su elemento es la tierra. Los
genitales, ovarios y testiculos
Segundo Centro:
Situado en el bajo
vientre y se asocia con las emociones y la sexualidad, su elemento es el agua.
Glándulas Suprarenales
Tercer Centro:
Se localiza en el plexo
solar y se relaciona con el poder personal y la energía metabólica, su elemento
es el fuego. El pancreas
Cuarto Centro:
Localizado sobre el
esternón, se relaciona con el amor y su elemento es el aire. El timo
Quinto Centro:
Está ubicado en la
garganta y es asociado a la comunicación y la creatividad, su elemento es el
sonido. La Tiroides y Paratiroides
Sexto Centro:
Ubicado en el centro de
la frente y se asocia con la intuición, clarividencia y la imaginación y su
elemento es la luz. Glándula Pineal
Séptimo Centro:
Ubicado en lo más alto
del cráneo, se vincula con el conocimiento, la comprensión y la conciencia
trascendente, su elemento es el pensamiento.
Glándula Pituitaria
Como vemos son de
gran importancia estos centros energéticos en la distribución y conducción de
la energía que procede el centro del universo, de allí que el estar o
permanecer abiertos, cerrados, bloqueados o dormidos tiene significancia en
nuestro diario vivir, pues estos son los encargados de permitir que fluya esa
comunicación energética Centro del Universo – Centro de la Tierra – Centro del
Universo, así en doble vía, a través de nosotros. Por eso cuando no estamos en equilibrio energético
con nuestro entorno físico, emocional, mental y espiritual hacemos
interferencia con ese paso energético quedándonos de paso con energía en
nuestro cuerpo que no nos corresponde y por lo tanto tratando de salir de
alguna forma no convencional, dando manifestación a la enfermedad en cualquiera
de los cuerpos. De allí la importancia
de mantener alineados nuestros chacras, para nuestro bienestar y el del
universo entero.
Cuando logramos
equilibrarnos energéticamente lograremos alcanzar el equilibrio del SER, que no
es más que un perfecto enfoque “lineal” entre lo que PENSAMOS, DECIMOS y
HACEMOS. Así, podemos percibir un mundo en armonía, con amor incondicional y
perfectamente sano, capaces de resolver los contratiempos de la cotidianidad
sin dejarnos influenciar negativamente por fuerzas externas, intencionales o
no.
De esta manera
podremos manifestar que somos lo que hacemos, decimos y pensamos, de allí que
nuestras manifestaciones, creaciones o proyecciones sean equilibradas o no y así
nos perciban los demás.
Hasta ahora hemos
manifestado que recibimos y somos energía y su importancia en que estemos
perfectamente equilibrados con ella.
Pero es necesario que esa energía se pueda equilibrar con dos elementos
más, de suma importancia, para el equilibrio espiritual.
Esa energía debemos
equilibrarla con la Luz que nos llega del Centro del Universo, como
manifestación del Rayo Creador y con la información contenida en la
verbalización de la creación, pues todo lo que existe contiene información, que
en los seres humanos se manifiesta en nuestros genes. Entonces aparece una fase importante para el
equilibrio espiritual, atraer la Luz del Padre o Gran Espíritu, para que sea
activada la energía contenida en nosotros y se manifieste la información
genética que traemos.
La Energía sin Luz
se mueve de manera incoherente y pesada, no se transforma simplemente se
ralentiza, se hace lenta y de esta manera puede malinterpretarse la lectura de
nuestra propia información, es como colocar una cinta de una película con luz
deficiente y a una menor revolución de proyección, su imagen y sonido sale
distorsionado y no puede ser comprendido su mensaje. Esto pasa cuando nos desenvolvemos
desordenadamente en nuestros hábitos y costumbres, cuando hacemos parte de
grupos de oscuridad, escuchamos información sonora con contenidos inapropiados,
abusamos de nuestra sexualidad, cuando nos hacemos adictos a diferentes
elementos o actividades; no hay manera que se manifieste la Luz, sin ella la
Energía no fluye y la Información manifestada puede no ser ni siquiera nuestra,
porque puede ser introducida por seres que aprovechan este desorden para
alimentarse del caos que genera esa crisis del ser humano.
EQUILIBRIO PADRE – MADRE
Ya conocemos como
alinear o equilibrar nuestros centros energéticos para que pueda fluir la luz y
la energía en nosotros, ahora es necesario que conozcamos como equilibrar la
información contenida en nuestros genes aportados por nuestros Padres. Es necesario aceptar que solo conocemos una
pequeña parte de las funciones y el contenido de nuestro mapa genético, donde
apenas mediante estudios científicos se han acercado a conocer el entramado
proteico que lo como compone y su ubicación en la espiral genética, pero se
desconoce toda la carga de información que hay allí y que está siendo
aprovechada por las nuevas formas de sanación.
Nuestros Padres son
el canal que nosotros elegimos para llegar a este plano dimensional a
encontrarnos con la ardua tarea, en medio de la dualidad y el libre albedrío, de
descubrir el amor incondicional en nosotros como manifestación de amor con el
Padre Eterno y de esta manera regresar al hogar definitivo del Espíritu.
El valor de la vida
es inmensurable y como tal debemos agradecer, solo agradecer, por siempre a
nuestros Padres por permitirlo, de otra forma y con otros padres no seriamos
nosotros mismos, seriamos otra historia, lo que nos hace únicos e irrepetibles.
Reestablecer el
Orden para que se manifieste el Amor de manera sana es necesario para eliminar
de nosotros muchas emociones contenidas, enfermedades manifestadas, destinos
improductivos, relaciones de pareja patológicas o no consumadas, adicciones,
inestabilidad económica, etc.
Todo esto parte de
un desequilibrio en el sistema familiar del individuo, donde por diferentes
circunstancias se ha alterado el orden, se ha perdido el equilibrio en dar y
recibir o se ha dado la exclusión de un miembro de la familia y por lo tanto la
manifestación del amor no corresponde a su verdadera esencia incondicional y
funcional.
Debemos tomar la
fuerza de nuestros padres para caminar por esta vida con aplomo, fuerza y
proyección, sin ellos somos un vaivén de emociones y de fracasos continuos en
alcanzar nuestras metas, por lo tanto debemos reconocernos como hijos de
nuestros Padres antes de emprender una exitosa carrera por la vida como
persona, pareja, padres, profesionales, jefes o el simple devenir de la
cotidianidad en nuestras ocupaciones.